jueves, 1 de agosto de 2013

¿La razón o la emocion?

La importancia de la emoción en la toma de decisiones








(Usted puede decidir leer este artículo o no. También yo tuve que tomar la decisión de escribirlo. Y podría haber sido que no lo hubiera hecho.
Usted puede decidir comer carne o pescado. Ir a cine o al teatro. Leer tal o cual revista. Comprar vino, cerveza. Estudiar diseño o ventas. Dormir todo el día o madrugar para ir a trabajar. Salir con un/a amigo/a o salir con otro/a. mantener una relación amorosa o no hacerlo. Pero siempre tiene que decidir algo. A los que NO deciden, les empuja la vida. )


La razón y la emoción, por separado, se convierten en procesos que pueden perjudicar nuestro futuro por medio de decisiones desacertadas. Somos capaces de valorar una decisión, a pesar de su racionalidad, como inadecuada (“matar a uno para salvar a muchos”). También somos capaces de advertir decisiones inadecuadas por lo exagerado de las razones que las motivan (“no viajar por el miedo a volar”). En definitiva, nos valemos de un equilibrio entre lo racional y lo emocional para decidir de manera correcta, proceso éste que se ha ido conformando gracias a nuestra experiencia vital.

¿Qué es una decisión acertada?

 En principio la respuesta parece fácil: es aquélla que mayor beneficio nos aporta. Pero esta cuestión no siempre está clara. Cuando nos enamoramos las emociones toman el mando y dirigen nuestras decisiones, y una vez hemos salido de este estado de ensimismamiento nos preguntamos cómo es posible que actuáramos así, sin tener en cuenta más opciones que las que dicta el corazón, incluso desatendiendo los consejos de personas que apreciamos y tenemos en alta estima. Frases populares como “el amor es ciego” nos advierten del poder que las emociones tienen sobre estas cuestiones, pero no ha sido hasta fechas recientes que la emoción se ha considerado un elemento determinante en los procesos racionales.
En el libro “El error de Descartes” (Damasio, 1994), se retoma el caso de Phineas P. Gage, un obrero de ferrocarriles, quien en 1848 estaba trabajando en la construcción de una línea en Vermont, Nueva Inglaterra. Tras una explosión, una barra de hierro le atravesó la mejilla izquierda lesionando la zona frontal de la cabeza (véase la Figura 1). Esta terrible herida afectaba, entre otras, a la corteza orbitofrontal. Phineas sobrevivió milagrosamente sin deterioros físicos evidentes, pero su personalidad cambió de manera drástica. Su comportamiento social se desinhibió, y pasó a ser un individuo de dudosa moral.

Precisamente las decisiones basadas en juicios morales evidencian de manera muy clara el papel de la emoción dentro del contexto social. En algunos lesionados en la corteza orbitofrontal las emociones parecen haber dejado de interactuar correctamente con la razón. Esta región modula el funcionamiento de la amígdala, que es el origen más primitivo de nuestros impulsos y emociones más ingobernables. Estos pacientes pueden explicar las normas sociales, pero no dudan en quebrantarlas si creen poder obtener beneficios. En un reciente trabajo se planteó una serie de preguntas a sujetos con lesiones en la corteza prefrontal ventromedial. Estas preguntas estaban referidas a dilemas morales como “dejar morir” a un individuo con la finalidad de salvar a un grupo mayor de personas (Koenigs y cols., 2007). Los resultados evidenciaron respuestas muy racionales en las que se prefería salvar a la mayoría mediante el sacrificio de uno.
¿Qué pensaríamos de alguien que es capaz de tomar una decisión de este tipo sin apenas dudar? Seguramente que es poco de fiar, y esto resulta paradójico, ya que la racionalidad en una persona es, en principio, un rasgo que todos esperamos de alguien confiable. Pero lo cierto es que nuestra capacidad de percibir la emoción en los demás como un motivador de la conducta humana nos hace ser más confiados ante las personas que son empáticas, ante aquéllos que son capaces de sonreírnos o emocionarse frente a nuestro dolor.
Volviendo al principio, ¿quiere decir todo esto que enamorarse es como si te atravesara una barra de hierro por el cráneo? Muchas veces resulta igual de doloroso, pero no es exactamente eso. Cuando nos enamoramos las emociones adquieren un peso mayor, lo que sin duda, condiciona nuestras decisiones. Diversos autores (p.ej., Adolphs, 2004) proponen que las emociones se pueden controlar, pero esta autorregulación depende de la maduración de la corteza prefrontal, lugar donde se ubica la mencionada corteza orbitofrontal. Esta región madura de manera tardía (Gogtay y cols., 2004), y en la adolescencia todavía no se habría conformado totalmente, lo que estaría explicando el comportamiento propio de esta etapa de la vida (Oliva, 2007), donde la toma de decisiones es un proceso muy complicado y de especial preocupación para los padres. El proceso de maduración de esta región se basa principalmente en la interacción que el sujeto tiene con su entorno, que se almacena como experiencias que nos permiten afrontar las dificultades futuras.
Pero ¿qué papel juega la emoción en este proceso de aprendizaje, y en concreto a la hora de tomar una decisión? No siempre las opciones están claras, y en este caso, el concepto de Marcador Somático (Damasio, 1994) nos permite, por fin, dar entidad a la emoción como guía de nuestra decisiones. Los marcadores somáticos son sentimientos que pueden presentarse a modo de intuiciones cuando nos sentimos indecisos (p.ej., no sabes por qué, pero tienes una “sensación” extraña justo antes de pasar por una calle y decides tomar la siguiente), y que nos ayudan a decidir qué opción será la más beneficiosa para nuestros intereses. Esta intuición se ha generado a partir de situaciones similares acontecidas en el pasado y de su conexión, no siempre de manera consciente, con las consecuencias que nos depararon, y que ahora afloran para “advertirnos“ del camino a seguir (quizá hace unos años sufriste un atraco en una calle parecida a esa, pero apenas lo recordabas ya, salvo por la sensación o intuición que te sobrevino justo al verla).
Es tranquilizador pensar que disponemos de un mecanismo que en último término nos “advertirá” de lo que es más adecuado para nosotros. Pero no siempre es fiable esta advertencia, e incluso hay trastornos psiquiátricos en los que se ha desvirtuado tal función hasta el punto de advertirnos de peligros inexistentes, como en fobias y ansiedad. Por suerte, junto a esta intuición siempre hay un proceso racional que nos permite sopesar los pros y los contras, y en esta dualidad es en la que nos movemos a diario, entre lo que dice el corazón y lo que dice la mente. Quizá sea esto lo que hace la vida interesante y lo que convierte al ser humano en dueño de su propio destino, capaz de equivocarse y, aun con todo, seguir adelante y mantener la esperanza.

Aqui les dejo una cancion que les puede ayudar a reflexionar sobre el tema

Una publicidad











Los tatuajes también son un arte


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En este mundo te discriminan por cualquier cosa!

 tus creencias, color de piel, clase social y la lista puede seguir y seguir; entonces no es ninguna novedad que te discriminen por decidir marcar tu piel de alguna manera, ya sea con un tatuaje o una perforación. Mucha gente piensa que el hecho de tener algo así en tu cuerpo te convierte automáticamente en un drogadicto vagabundo que se odia a sí mismo y todos deben rechazar.
Pero la realidad es que muy poca gente sabe de donde vienen los tatuajes, no les importa que hay verdaderos artistas del tatuaje ni que es una forma más para expresarse; rechazan lo desconocido en lugar de buscar información y saber exactamente qué es lo que no les gusta.
Según una definición de diccionario, un tatuaje es el grabado de dibujos en la piel humana, introduciendo materias colorantes bajo la epidermis, por las punzadas o picaduras previamente dispuestas. Pero un tatuaje es mucho más que eso, es una forma de demostrar identidad, pertenencia y un medio para decirle al mundo lo que pensamos de la vida.
Es claro que un tatuaje no es una decisión que deba tomarse a la ligera, pues, partiendo de que es algo que es para siempre (incluso los métodos para removerlos dejan una cicatriz), es necesario estar completamente seguros de que queremos hacerlo y de que verdaderamente queremos que aquello que decidimos marcar se quede ahí para siempre.
Según los registros, se han encontrado momias tatuadas con más de cinco mil años de antigüedad que muestran marcas en la piel como símbolo de estatus, como forma de adorar a los dioses o como un método para identificar castas. En Oriente, por ejemplo, se sabe que se empezó a trabajar la técnica tradicional del tatuaje por ahí del siglo X a.C y que los tatuajes incluso fueron utilizados por algunos emperadores con líneas mucho más estéticas y de forma ornamental, pues en Japón se tenía la costumbre de marcar a los delincuentes con tatuajes vergonzosos; esto posteriormente se transformó en el Yakuzaun tipo de tatuaje que cubría casi la totalidad del cuerpo y servía para distinguir a los distintos bandos de la mafia japonesa.
Los tatuajes llegaron al mundo occidental gracias a los marineros que viajaron a la India y las Islas Polinesias, ahí tuvieron la oportunidad de ver el arte en la piel y fueron instruidos en la técnica del tatuaje. Se sabe que el primer estudio de tatuajes estuvo en la ciudad de Nueva York y abrió en 1846. El estudio atendía a los sectores populares y ser tatuador empezó a verse como una profesión después de la invención de la primera máquina de tatuajes. A pesar de que ya tenía valor estético, los nazis los utilizaron para marcar a sus victimas al ingreso del campo de concentración, poniéndoles un número con tinta azul.
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Los años han pasado y los tatuajes han ido obteniendo un mayor valor estético dentro de la sociedad; durante los últimos años se ha popularizado tanto la cultura que incluso hay programas de televisión y se puede ver cómo es la vida dentro de un estudio de tatuajes. Aaron Cain, Paul Booth, Nick Baxter,Ryan Dearringer  y Carson Hill forman parte de la lista de los mejores tatuadores del mundo, no sólo por su destreza en el dibujo sino por su excelente manejo de los colores y la biomecánica.
Hoy en día, la práctica del tatuaje se ha vuelto tan común que incluso se ha logrado que el plomo desaparezca prácticamente de las tintas; esto evita reacciones alérgicas, que el tatuaje se ponga opaco y da, como máximo beneficio, la posibilidad de donar sangre dos años después de haberse realizado el tatuaje; también existen tintas especiales para aquellas personas veganas, dichas tintas están hechas con colorantes vegetales y minerales que permiten que el pigmento sea mucho más natural y cero contaminante.

Los tatuajes también son un arte, son una forma de expresarnos y de demostrar nuestra identidad; la capacidad de hacer algo que permanezca para siempre en la piel es admirable, es por eso que el trabajo de los artistas del tatuaje es tan complejo. Por difícil que pueda ser, aceptar la piel tatuada es parte de entender y aceptar a la sociedad, pues como toda obra de arte, un tatuaje también es un reflejo de ésta.


¿pero por que realmente es un arte?

el tatuaje puede tener diversos significados como lo tienen las demás artes, la diferencia de éste, es que el significado siempre estará ligado a la persona que lo porta, haciendo que el tatuaje tome una fuerza personal, que conecta al portador con el tatuaje.

Sin embargo para que una obra de arte sea apreciada en su totalidad se necesita más que el significado de la obra, se necesita de la estética. La calidad y el detalle son los determinantes para que un tatuaje tenga una estética deseada.
El tatuaje debe ser dibujado en la piel mediante líneas finas de color negro hasta obtener el bordeado del dibujo. Luego se debe seguir al relleno de la obra, donde el sombreado y el juego de colores, son los responsables del detalle en el tatuaje.
Para los maoríes, un tatuaje que tuviera patrones geométricos perfectos y cuyos símbolos estuvieran puestos adecuadamente en las partes del cuerpo, era un tatuaje digno de admirar por los miembros de la tribu y los dioses que los recibirían después de la muerte. Para esta cultura, también era necesario que los tatuajes fueran estéticamente correctos pues narraban la vida de quien los portaban y eran una forma para seguir la vida una vez muertos. En otras culturas como en la japonesa, la estética de los tatuajes es de suma importancia pues al mostrar el cuerpo tatuado también se esta mostrando el prestigio y el honor, entre más detalle y calidad, mayor reconocimiento por los demás. La estética no solo es importante en el arte de tatuar sino también en las demás artes. Por eso no es gratis saber que desde principios de la cultura occidental se estudiaba el cuerpo humano para poder tallar en las esculturas y plasmar en las pinturas al cuerpo con sus debidas proporciones para que la obra de arte fuera perfecta. Tampoco es raro ver como los pintores del impresionismo, obsesionados con la gran gama de colores en los paisajes, crearon obras de arte cuya estética es comparable con la de la naturaleza en sí. Por lo tanto así como las demás artes, el tatuaje busca en sus obras obtener una estética que complemente al significado del tatuaje.

La ultima razón por la cual el tatuaje tiene que ser considerado un arte, es por que detrás de cada tatuaje esta un autor. Es el artista el que verdaderamente se encarga de captar e interpretar la idea y el significado que le pide su cliente, para luego mediante su experiencia, su técnica y su creatividad, plasmar en la piel la obra de arte.